Archivo de la categoría: Vitrinas

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos. A veces, el fuego es purificador necesario para dejar solo los vestigios más finos. La tierra estará presente toda nuetra vida, pues nosotros mismos somos tierra. El fuego vendrá con la frecuencia necesaria cuando estemos muy soberbios. El agua nos dejará sentir su bondad cuando llueva sobre nosotros y nos permita un andar más resistible. El aire siempre estará allí; a veces, entrará por bocanadas más amplias a modo de descanso o sispiro final.

Este bodegón que ven tiene la presencia del hombre, así esté ausente; pero me impacta más es la textura del fondo: la tierra del barranco que fue arañada para crear concavidad que sirva como tienda temporal para unas ventas populares. Tomé la foto porque los colores me representan. Humo, óxido, dorado de las frituras, terracotas; variados cafés: guadua, palo, leños; todos ellos pátinas del tiempo, del clima y de la realidad.

Este bodegón me representa entanto hombre primitivo, hijo del tiempo, fugaz, débil; con la textura que me dan los pensamientos, con el color que me da el sol y con la dinámica que me da el fuego de la pasión por vivir.

Foto tomada en el Santuario de la Virgen del Jordán, Pereira, zona rural.

Anuncios

La vida es un caucho

Nuestros pies, otrora libres, deambulan hoy presos en cueros secos de lo que en otros tiempos fuera un animal. Bajo ellos, una planta de caucho los separa de sentir la tierra, el pasto húmedo y la vida terrena. Están ahí, los cauchos, para que nuestro caminar sea silencioso, anónimo, igual que los demás pasos, están ahí, para hacernos sentir más altos, jactanciosos y soberbios.

Otros cauchos sirven para que la silla no chirrée, las neveras no rayen el piso, los carros rueden con facilidad. Otros cauchos sirven para que indigentes llamen a la muerte en la quema de llantas para sacar conco pesos de alambre. Otros cauchos tratan de cubrir cables de energía de voltajes altos de manera infructuosa, ya que al electromagnetismo no lo para nadie.

Otros cauchos, como el de la imagen, sirven como instalación de la plástica callejera y cotidiana que le trae al ojo juegos estéticos en el caminar del ambulante. Venta de cauchos en Envigado.

Varias rutas en la bitácora viajera

Varias direcciones ha tomado este blog a los largo de varios años: estética popular, etnografía o “arqueología” urbana y el recuerdo. Esto ha ocurrido porque agotaría el mismo tema, en una metodología de actualización diaria, como ha sido el caso de Todos Somos Iguales que, como los almacenes de antes, abre de lunes a viernes.

Otros blogs míos, inactivos como el Álbum Casero y El Objeto Adobado, han desarrollado temas alrededor del hombre y su relación con sigo mismo y con los objetos culturales; pero es éste el que sigue activo.

Sé que hay muchos lectores en este blog pues lo indican las estadísticas, algunos pocos comentan, otros me abordan de manera personal y reflexionan.

¿Cuál creen ustedes que debería ser la ruta para este año o para una nueva etapa del blog? Me gustaría sus comentarios aquí mismo o a mi correo carlosmunera@gmail.com; para que sigamos construyendo colectivemente un espacio de conocimiento, más que de entretenimiento, que lo es, por supuesto.

Bendito sea el hombre, la tierra y sus frutos

Viajar por tierra no es la segunda opción de quien no puede viajar en avión. Viajar por tierra es permitirse ver la película de la naturaleza a través de una ventana que nos muestra su propia edición de imágenes, sus propios matices y nos permite ver la película en quinta dimensión: las tres dimensiones del volumen, la dimensión del movimiento, y la quinta, la del olor. Porque a la par que vemos la escena multidimensional que queramos observar, se nos cuela por la nariz, la multitud de fragancias del campo, del campo y sus leñas, de sus leñas y sancochos, de sancochos y sus gentes, de sus gentes y los sembrados, de los sembrados y sus árboles, de sus árboles y los vientos que, de nuevo, nos traen las fragancias de sus leñas y así, cada vez colándose nuevos olores a nuestro cerebro.

Bendita la tierra, bendita ella y sus frutos, benditos ellos y el hombre que los siembra.

Corozo, aguacate, algarrobo, chaparro rojo para el azúcar en la sangre, mango, banano y muchas frutas más, a borde del camino en la Quiebra de Guamito, vereda de Santa Bárbara en Antioquia.

Máscaras de lo oculto

Bajo millones de lentes de sol, se atisban miradas ansiosas de ver lo prohibido. Miles de docenas de caminantes se apresuran en las calles buscando al otro sin el ánimo de esperar correspondencia en la mirada. Allí están cientos de millares de peatonales que tienen algo que ocultar, todos lo hacen. Unos, miran escotes empalagosos que dejan ver retazos de piel; otros, desvisten con la mirada, siguen la línea de curvas de un trasero amplio; todos, yacen seguros sin que nadie les vea los ojos.

Qué mala educación es hablar con el otro, oculto tras unos oscuros lentes de sol. El otro está seguro que lo estamos viendo, pero solo vemos el reflejo de nosotros mismos. Para disimular un poco, el comprador de lentes, busca forma que resalte la cara, que la haga “más bonita”, que la OCULTE mejor. No digo que usar lentes de sol esté mal, yo mismo tengo la OBLIGACIÓN de usarlas, solo hablo de quien oculta y no es capaz de develar la mirada y de quien se oculta a sí mismo.

Venta de gafas de sol en El Hueco, Medellín.

Interconectados – Venta de sombreros en Carabobo

De un reconocido almacén del Carabobo peatonal, en el centro de Medellín, tomé esta imagen que muestra la manera en que son exhibidos algunos sombreros a la venta. Almacén con 55 años de existencia que tiene varias maneras de mostrar su mercancía: una, es colgando las botas del techo, formando un cielo “raso” de mercancía; y la otra, la de estas cabezas interconectadas con sombreros en oferta.

Imagen tomada durante la grabación de un VTR para El Colectivo, programa de Teleantioquia. Lunes a jueves, 10:00 p.m.

La media tatuada

Si ven un monstruo bajito en la calle peatonal de Carabobo, no hay de qué asustarse, podría tratarse de la vitrina del ‘Capi’, un maniquí ambulante que arrastra por las calles del centro exhibiendo la alternativa media tatuada, un velo para usarse en brazos y piernas con tatuajes que adornan la piel y que son la excusa para quienes no quieren tatuarse la piel de manera permanente.