Archivo de la categoría: Ventas ambulantes

Empanada, tinto y cigarrillo

Pasa la doña gritando y la fiel cliente estaba esperando el tesoro alimentició de la canasta popular de mimbre. las tengo calienticas, pesuade la otra doña, deme tres, que hoy viene mi hija sin desayunar. Don Rogelio pasa con la greca ambulante y la doña, nuevamente, detiene al caminante y le pide tinto, que en Colombia significa café pequeño. La señora tiene ya, empanada y tinto en las manos y se dispone a masticar la mezcla y la caja de dientes, si es que lo tiene, sería inexcusable que le adjudicáramos un removible sin que fuera al médico especialista.

La empanada no trae mayor relleno por dentro, papa cocida teñida de amarillo y cáscara de la misma papa, para que se crea que es carne y así cobrar algunos centavos más. El tinto, tampoco es mayor solución, ya que las partículas de café suspendidas en el agua son pocas y el café no tuvo las mejores prácticas de cultivo y de cosecha. Pero hay guargüeros y panzas que hacen de “tripas corazón”.

La mañana transcurre y el buche se queja de lo ingerido, pero hay humanos que a eso no ponen atención, ya le dieron algo pa’ que funcione y que espere pa’ más tarde a ver con qué se le puede completar. Vida no es vida, puede pensar la “seño”, si no le metemos el cierre al desayuno, que con un cigarrillo hacemos del día algo llevadero mientras llega el “nombrededios”, es decir, la primera venta.

Ahí nos vamos yendo mientras se asoma la Parca. Los días son lentos y hay que ayudarle a encontrar su camino. Ahí se queda masticando recuerdos, pasado, empanada, tinto y cigarrillo. Si va a llevar camándulas, vea, vea esta tan bonita, y hoy que viene el padre puede decirle que se la bendiga.

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Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos. A veces, el fuego es purificador necesario para dejar solo los vestigios más finos. La tierra estará presente toda nuetra vida, pues nosotros mismos somos tierra. El fuego vendrá con la frecuencia necesaria cuando estemos muy soberbios. El agua nos dejará sentir su bondad cuando llueva sobre nosotros y nos permita un andar más resistible. El aire siempre estará allí; a veces, entrará por bocanadas más amplias a modo de descanso o sispiro final.

Este bodegón que ven tiene la presencia del hombre, así esté ausente; pero me impacta más es la textura del fondo: la tierra del barranco que fue arañada para crear concavidad que sirva como tienda temporal para unas ventas populares. Tomé la foto porque los colores me representan. Humo, óxido, dorado de las frituras, terracotas; variados cafés: guadua, palo, leños; todos ellos pátinas del tiempo, del clima y de la realidad.

Este bodegón me representa entanto hombre primitivo, hijo del tiempo, fugaz, débil; con la textura que me dan los pensamientos, con el color que me da el sol y con la dinámica que me da el fuego de la pasión por vivir.

Foto tomada en el Santuario de la Virgen del Jordán, Pereira, zona rural.

Chazas en el parque de Filandia, Quindío

Un caspete, una chaza, un puesto de venta ambulante o estacionario; a mitad de camino, al final, al comienzo; un tinto, una fruta, una fritura; en banca, de paso o un paradito; siempre será bueno encontrarse con algún vendedor disponible que calme algún antojo.

La primera chaza está marcada por una tipografía esténcil, que deja en los ojos de sus letras, triángulos y cuadrados, y la combinación de estilos bold y light en algunas de sus letras, además del típico error de las letras hechas en esténcil: la N alrevés.

La última tienda la observé por su material, por la guadua y las figuras resultantes del trabajo con ella, esa geometría que brinda el material, un material que, por cierto, es propio de su zona cafetera.

Fotos en Filandia, Quindío

Un día cualquiera en Filandia, Quindío

La mañana conoce al que temprano se levanta y sabe que es de modales recios, como el agua fría en la ducha y el horario en el comer, esto incluye los tragos previos al des-ayuno que no son de licor sino de café y más, en tierras del Quindío.

La media-mañana se hace testigo de cómo es la disciplina de quien labora con responsabilidad. El sol es benevolente y la lluvia se hace tardía para que los clientes no se le vayan a esparcir. La calle se le hace amplia y la jornada, de una calidez amena.

El mediodía se presenta para avisar la hora de comer, comer en término general y no como de verbo cenar. Luego del alimento se hace obligatoria la siesta o el motoso como nos lo dice Pachopardo, que así se dice en tierras bogotanas. La siesta, pues, se desarrolla sin más novedad que la de un mosco molesto que zumba cerca al rostro, no por ello tiene menos derechos de existencia, hablando del molesto volador. ¿Qué diría el mosco si supiéramos los pensamientos para con el humano? No nos atañe tal pregunta aquí pues no es de él de quien hablamos.

De la tarde o la noche serán ustedes responsables en inventar carajada alguna, que no se les dé todo a los lectores, que mala costumbre es.

Coche impecable como lo es su camisa. Su mirar es recto y distinguido, atalajado y pulcro es su andar como su ropaje. El delantal revela un cuidado especial por el aseo y el respeto por el cliente. Así es este señor, vendedor móvil en Filandia, Quindío.

La media tatuada

Si ven un monstruo bajito en la calle peatonal de Carabobo, no hay de qué asustarse, podría tratarse de la vitrina del ‘Capi’, un maniquí ambulante que arrastra por las calles del centro exhibiendo la alternativa media tatuada, un velo para usarse en brazos y piernas con tatuajes que adornan la piel y que son la excusa para quienes no quieren tatuarse la piel de manera permanente.

Collar y cocaíta en Rodadero

Cuatro elementos fueron identificados desde que el hombre pensó. Cada uno de ellos emana y provoca la existencia material. Dos de ellos hacen parte de la vida, el imaginario y la ilusión de muchos pueblos costeros: tierra y agua. De la tierra el hombre fue tomado y en su caminar pocas veces tomará contacto con ella, debido al encarcelamiento de sus miembros bajo artificios de cuero.

Hay hombres que buscan su sustento pisando la tierra, una y otra vez; se levantan en las mañanas con la espectativa de un buen día, de unas ventas generosas y un regreso triunfal a casa. Algunos, solo reciben negativas, desprecios y ausencia de miradas; otros más, pisarán un retazo de vidrio de un festejo anterior; otros, verán como la vida se les está yendo sin cumplir sus sueños, sin mirar más allá. Las ventas ambulantes y el hombre; el hombre y su vida ambulante.

Un día creceremos tanto que seremos uno con la tierra, con la arena de mar, con el mar, seremos silicio uno solo; se disiparán los egos, los valles y las montañas serán allanados.

Santa Marta

¡Hoy juega, juega hoy!

Hoy se juega nuestra suerte. Hoy podríamos morir o continuar viviendo. Hoy, en la noche, podríamos ser sujeto de un patatús o iniciar una nueva etapa en nuestras mentes que es donde vale la pena hacer cambios trascendentales.

Hoy juega el 315, el ocho veitiocho, el 5879 con cuña y combinado, el 3 por la de Medellín. Todos los números, del cero al nueve juegan hoy en orgía de cuatro.

Hoy juega la nevera, el tocadiscos, el emepetrés; hoy juega la mato nueva, el carro de los bomberos, la camioneta de los paramilitares.

Hoy juega la perrita sin madre, el cachorro de gato, la bicicleta con flecos, el apartamento amueblado. Hoy juegan los sueños, las esperanzas, las incapacidades. Hoy se juegan la vida miles, se bendicen antes de asesinar, anticipan mortaja.

Hoy, cientos de decenas de miles de millones, arrastran la pesada carga de la esperanza, que solo produce impotencia y ansiedad porque las matemáticas y las estadísticas no son bondadosos con ellos. Hoy juega, no se le olvide, juega hoy. ¡Jugátela toda!