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Un libro extraño y valioso: Lucila González de Chaves

Por Alberto Mejía Vélez

Carlos, el siguiente, es un texto que encontró mi hijo Luis Fernando. Quiero que lo conozcas. Tú libro ha puesto a pensar a más de uno; entre esos, me encuentro. Tomado del blog de doña Lucila González de Chaves.

Un libro extraño y valioso:
“EL COLECCIONISTA DE CARTAS”
(Cartas de amor y otros temas, recogidas por la calle”)
Autor: Carlos Mario Múnera (Un colombiano periodista, docente y escritor)
———————-
Este libro es como “un concieto a cuatro manos”: de un lado, las cartas recogidas en diferentes lugares de Medellín, y de otro, los comentarios, análisis y aclaraciones del autor.
Una abuela induce a un niño a recoger del piso y a guardar cuantas cosas encuentran a su paso, durante sus largas caminatas. Ese niño recaudador de “cosas” es hoy un recolector y coleccionador de cartas, CARLOS MARIO MÚNERA, autor del extraño y valioso libro al que nos referimos.
Se trata de papelitos partidos, arrugados y recogidos aquí y allá y que el autor reproduce fielmente y, por lo tanto, conservan las peculiares formas ortográficas,  sintácticas y terminológicas. En muchas de esas cartas faltan partecitas que, en su recolección, el autor no pudo encontrar.
Esos retazos de “cartas plebeyas” llevan al autor a afirmar que: “Hoy medito en los amores populares y compruebo  que todos somos iguales, que la asfixia de muchos es la misma, que todos los corazones tiñen hojas y hojas de pasión. (…) El corazón estalla sincero sin que le mortifique una tilde o la V por B; el corazón no sabe de zetas, ni le teme a las curvas de la ese: el corazón se equivoca solo por dentro”.  P. 16
“Esta urbe que habito es una amalgama de manifestaciones estéticas y discursos coloridos en las bancas de los parques, (…). Es la ciudad de trabajadoras hormigas  de salario mínimo, es la grosera y opulenta que ignora la vida más allá de sus verdes murallas, es ella, somos todos. Nacidos de entrañas y de sangre indefensas, mellizos todos. (…)”.  Pp. 39, 40
¿Cómo reconstruye el autor las notas que va encontrando, partidas siempre y, a veces, en cincuenta y tres o más pedacitos? Él nos lo explica: “Pinzas, pegamento, lupa, un punzón, tapas de gaseosa y una tabla de base son las herramientas que tengo destinadas para mi labor (…)”. P. 56
Y el más grande reto: reconstruir una carta partida en ¡ochenta y dos! fragmentos recogidos en Bello (Ant.) y que empieza diciendo: “Mi amor, Te extraño. Estoy muy triste (…)”.
A propósito, invito a mis lectores a reflexionar sobre esta afirmación del autor del libro, consignada en la p. 82: “(…) si el destinatario rompe la carta, ese acto puede hablar de su locura furiosa, de su negligencia por la escritura, de su crueldad con el ser amado (…). Si la arruga, quiere decir que no le presta importancia, su arrogancia o descaro lo declara inocente. Si la bota al suelo, sin duda alguna es desprecio, tal vez ultraje. Si la carta es rota en cientos de pedacitos entonces allí hay amor, desde luego ofendido, lo hay sin equívocos, aún respira, aunque sea por la herida; pero también hay rencor, deseos de venganza, que es la forma más violenta y última del amor”.
¿Por  qué recoge los fragmentos de cartas? Leamos ese porqué: “Yo recojo… esas cartas del suelo (…) y las preservo para que la posteridad conozca y juzgue la actuación de otros corazones; las exhibo aquí (en su libro) para que otros sean testigos conmigo de los atardeceres del corazón en la vida de los demás (…)”.  P.  108
Al darnos la bienvenida a “esta antología de historias rotas”, el autor nos invita también a asomarnos al corazón de otros que palpitan en ritmos diferentes” y esas palpitaciones expresadas en las reconstruidas cartas, de las cuales transcribo partes, son de:
Amor:
“Quiero decirte tantas cosas que difícil me sale la primera .Quiero contarle cuanto siento su presencia y cuan quisiera que permaneciera compartiendo mis espacios….”. (Recogida en la estación del Metro, Madera). P.  11
“Amor me ha traicionado el corazón, Perdóname, Yo crei que en esta terrible lucha entre mi orgullo y el amor que siento por ti triunfaría el  orgullo. Me he engañado…” (Recogida en Bello).  P. 18
Desencanto:
Mi traición escribo  esto porque tengo rabia y mucho dolor en mi corazón gongora el que ama con el corazon ayer después de que yo me jui para la sede…”  p.  26
Amistad:
“hola ¿como estas? Espero qué bien Meli quiero que seas mi amiga y si pasamos a 5º jutas en el mismo salón…”  p. 28
Ira y despecho:
“querido y estimado amigo mio espero te encuentres bien… tu tienes muchos ostaculos para estar conmigo tu crees que esta bien hecho lo que me hiciste dejarme esperando el sábado bestida y alborotada…”  p. 30
Reclamos severos:
“esta es con el fin de ponerle final a este problema es para comunicarte…. Es que yo observo que tu como profesor nos has dado mucha larga y has sido muy condisendiente con nosotros los indisiplinados…” (recogida en Amagá) p. 42
Gracias y adiós:
Gracias por permitirme haver estado a tu lado todo este tiempo, por dejarme tantas enseñanzas que poco a poco he ido aplicando en esta absurda cohexistencia…”  (Recogida en Las Cabañitas). P. 43
¡La verdad!
“Ovidio: nunca había conocido a un hombre tan mentiroso como usted que vive muy mal con Martha y duerme en la misma habitación con ella… es muy bueno uno darse cuenta de las cosas por eso no vuelvo a confiar en usted yo me pregunto que estoy haciendo con usted…” (Recogida en Las Cabañitas). P. 45
Regalo de amor y amistad:
Hoy estoy muy pobre con cariño tu amigo secreto”.  P. 53

Y en la página 127, el autor sintetiza así una grave situación:
“Sexo y drogas son el denominador común en algunas notas recogidas en las afueras de los colegios o universidades; diálogos a manera de chats no virtuales; hojas de cuaderno que van pasando de mano en mano entre los participantes de estos coloquios juveniles, conversaciones secretas a espaldas de maestros inocentes, o quizás conscientes de la situación pero atados de manos en su proceder ante la agilidad felina de los jóvenes de hoy día para escabullir esos materiales comprometedores”.
Lucila González de Chaves
Junio de 2012

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Mi primer encuentro con Gay Talese

Hace rato escribí este texto y no lo había publicado, reposaba en la etiqueta “borradores”, del blog. Aquí se las dejo.

Después de que mi mente viajara por esa Colombia desconocida presente en las obras de Germán Castro Caycedo, escuchara en mi cabeza las balas que pasan rozando en las crónicas de Ricardo Aricapa y su Comuna 13, oliera en mi memoria los nauseabundos rincones descritos por José Alejandro Castaño en la Isla de Morgan, y atendiera los diferentes testimonios de una Colombia rechazada y en continuo desplazamiento con los relatos de Alfredo Molano; después de todo ello, entre otros muchos libros de variados autores que reposan prensados en mi biblioteca, me di la oportunidad de salir de la Colombia literaria para conocer las letras de otros autores con nacionalidades de ultramar a los que temía no entender.

Así me di a la tarea de leer a José Saramago y su ficción crítica con la actual sociedad occidental moderna. Le abrí la puerta a José Martí y sus elaboradas letras, parsimoniosas a la hora de describir sin egoísmos la realidad del siglo XIX que ya abandonaba el espacio y el tiempo. Por esa misma vía, la de ensanchar el campo de visión literario o académico, llegó a mis manos, previo estipendio de 42.000 pesos en la Librería Nacional, Retratos y encuentros, una antología de algunas obras de Gay Talese, escritor de la tendencia en reportería conocida como Nuevo Periodismo. Un autor nacido en Ocean City, New Jersey, en 1932 e hijo de un sastre italiano recién emigrado a Estados Unidos.

Permití a Talese entrar en la intimidad de mi cuarto, para dejar que sus historias reales alimentaran mi sed académica. Lo leí en medio de las intermitencias que Jacobo me permitía cuando se ocupaba en labores pertinentes a sus diez meses de edad: tomar las ocho o nueve onzas de tetero que degusta antes de dormir, jugar con mamá y conmigo, y abrir “Retratos y Encuentros” para descubrir el sabor de sus hojas sin entender aún ninguna de sus páginas. Es en las noches, cuando la jornada acaba, donde se me abre la única posibilidad para desarrollar los variados ejercicios académicos exigidos por la universidad.

Abrí el libro en la página siete y descubrí no solo a una “Ciudad de cosas inadvertidas”, como califica el autor a Nueva York en la crónica que abre esa antología; sino, a un reportero, investigador y a un paciente descubridor de pormenores que hacen de sus crónicas una “Literatura de la realidad”, como él mismo llama a su escritura periodística en el texto “Orígenes de un escritor de no ficción”.

Leer esas primeras letras es sorprenderse con una ciudad desconocida pero llena de novedades, una ciudad ajena a las centenas de miles de transeúntes, que cada día pisan las calles de Nueva York. Se revela la curiosidad del autor en cada descripción de lugares que comúnmente no serían observados minuciosamente por un caminante regular. Se deja ver la exigente investigación y la incansable observación, la mirada fina y puntual, en una escritura llena de datos precisos y enfocada a lo menospreciado, como lo ha dicho en algunas entrevistas que ha concedido el autor.

Leer ésta y las demás crónicas que reúne “Retratos y Encuentros”, editado en español por Aguilar en 2008, es seguir sorprendiéndose con esa escritura de la realidad hecha periodismo, pero con unos recursos literarios que hacen sentir al lector en la madeja de una novela. La curiosidad de Talese es el punto de partida para sus pacientes investigaciones donde el tiempo no es un enemigo sino un aliado y donde la paciencia es ejercida para sacar provecho de lo que la realidad tiene para ofrecerle a este reportero. Así,  Talese establece un estrecho contacto con personas y lugares reales, sus entornos, y con la cantidad de pormenores personales íntimos y del ambiente que rodea a la persona a quien él esté “siguiendo” para obtener esa sorpresiva materia de trabajo presente en sus textos, catalogados dentro del “Nuevo Periodismo”. Talese presta atención a la gente “común” y gusta utilizar como centro temático de sus obras a personas “perdedoras”, a “héroes” que no están en su cuarto de hora político o artístico. Acude más bien a los olvidados, a los desapercibidos, a los que el climaterio de su vida les llegó, a los sencillos, a esos anónimos personajes que habitan las grandes ciudades cuya velocidad de acción no permite que se detengan en particularidades cotidianas, comunes y silvestres. Talese, en la página 291, lo llama “El Arte de Pasar el Tiempo”.

De esa manera llama Talese a su ejercicio investigativo, pasar tiempo con su sujeto de estudio, conocerlo, dejarlo hablar, escucharlo sin intervenir, saber su desahogo. Talese mismo lo dice: “Aprendí a no interrumpir”. Motivado siempre por su confesada curiosidad e incluso, una especie de voyerismo responsable, está de acuerdo con la curiosidad y el pasar tiempos extensos para hacer mejor su trabajo, pero con un producto final que destaque al sujeto de su crónica. Dice, en su libro, que no pasaría tanto tiempo con una persona, solo para revelar información íntima en un afán amarillista. Con lo que no está de acuerdo es con el “fisgoneo”, que califica como una actitud “mezquina”.

“Yo tengo que hacer mucha investigación y eso toma mucho tiempo. Tú haces esta entrevista que te toma dos o tres horas, mientras yo debo realizar muchos encuentros de dos horas con cada persona. Pero yo disfruto la investigación. Yo disfruto conociendo personas”. Así finaliza Talese una entrevista hecha por Joaquín Botero, respondiendo en exclusiva para la revista Arcadia, en un texto que se llamó “La pluma que inmortalizó a Sinatra”, hecha el miércoles 23 de mayo de 2007.

De su antología, los textos que más llamaron la atención a mi sorprendida mente son: “Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas”, “Frank Sinatra está resfriado”, Los sastres valientes de Maida”, Orígenes de un escritor de no ficción” y “Cuando tenía veinticinco”. Estos últimos tres textos, de corte biográfico y ubicados al finalizar el libro, permiten entender el crisol en el cual se formó el carácter de Gay Talese. Un contexto de cotidianidad y sencillez que me trasladó, mientras leía, a mis primeros años de vida en el barrio Manrique de la comuna Nororiental de Medellín, donde mi abuela cosía en su máquina Singer, primeramente y con una Brother, después. A medida que Talese describía el contexto de su crianza, mi recuerdos se ubicaban en las noches recién entradas donde Juana, mi abuela, interactuaba con sus tubinos de hilo, ensartaba hebras en el ojo de una aguja para luego abandonar temporalmente sus tareas e ingresar a la cocina donde sus expertas manos harían lo propio para alimentarnos a mi madre, a su llegada del trabajo, a mi tío y a mí.

De su primera crónica en la antología, “Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas”, quedan preguntas como cuánto tiempo de observación, investigación y apuntes tuvo que necesitar para llegar a esa cantidad de cifras que descubren a una Nueva York que ni sus mismos habitantes conocen. Una crónica resultado de la mirada inquisitiva, detallada, divergente y sensible que permite conocer a una megalópoli en su cotidianidad. Un texto resultado también de preguntar, preguntar y seguir preguntando y, por supuesto, escuchar y seguir escuchando.

Conocida ésta, mi primera obra leída de Talese, quedará como tarea acercarme a sus demás textos, atraído por su capacidad para relatar las vidas ‘intrascendentes’ de sujetos comunes, describir contextos amplios y pormenorizados, resultado de pasar horas y horas con las personas que inspiren esa mirada viva comunicada a través de sus letras. Quedará, entonces, el compromiso de acercarme a esa Nueva York de su libro El reino y el poder, conocer más del país de donde vienen sus padres, y por supuesto, la mafia que allí actuaba, puesta en escena en Honrarás a tu padre, y, finalmente, sobre la revolución sexual en Mujer de tu prójimo.

“Siempre llegamos a donde nos esperan”: Saramago

Y Saramago, al parecer, tomó la ruta desconocida que lleva a la muerte del cuerpo y al despertar total de la consciencia. Partió al mundo del intelecto, como llama el Padre Fortea al mundo espiritual. He pasado buenas horas, viajes en Metro, recostadas en cama y en cualquier lugar donde el tiempo me dé permiso, leyendoa Saramago y a su infinidad de comas “,”, de nombres en minúscula, de personajes sin nombre. Hoy, quiero representar con algunas imágenes los títulos de los libros que llevo en mi lista, sin un orden especial, así, al garete.

“Siempre llegamos a donde nos esperan”: Saramago. El viaje del elefante.

Ensayo sobre la ceguera (1995)

Ensayo sobre la lucidez (2004)

El hombre duplicado (2002)

El viaje del elefante (2008)

El evangelio según Jesucristo (1991)

La caverna (2000)

El cuento de la isla desconocida (1998)

Caín (2009)

Las intermitencias de la muerte (2005)

"Siempre llegamos a donde nos esperan": Saramago

Y Saramago, al parecer, tomó la ruta desconocida que lleva a la muerte del cuerpo y al despertar total de la consciencia. Partió al mundo del intelecto, como llama el Padre Fortea al mundo espiritual. He pasado buenas horas, viajes en Metro, recostadas en cama y en cualquier lugar donde el tiempo me dé permiso, leyendoa Saramago y a su infinidad de comas “,”, de nombres en minúscula, de personajes sin nombre. Hoy, quiero representar con algunas imágenes los títulos de los libros que llevo en mi lista, sin un orden especial, así, al garete.

“Siempre llegamos a donde nos esperan”: Saramago. El viaje del elefante.

Ensayo sobre la ceguera (1995)

Ensayo sobre la lucidez (2004)

El hombre duplicado (2002)

El viaje del elefante (2008)

El evangelio según Jesucristo (1991)

La caverna (2000)

El cuento de la isla desconocida (1998)

Caín (2009)

Las intermitencias de la muerte (2005)

Saramago y su crítica al periodismo y a los medios de comunicación

Extracto de mi trabajo para Periodismo Político en la Universidad de Antioquia, a propósito del fallecimiento de José Saramago el 18 de junio de 2010.

Introducción

José de Sousa Saramago nació en Azinhaga, Portugal, el 16 de noviembre de 1922. Escritor, periodista y dramaturgo portugués. Miembro del Partido Comunista Portugués desde 1969. En 1998 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. Fallecido el 18 de junio de 2010.

Tomar a este escritor portugués como base de este trabajo nace de una subjetiva pasión por su literatura, un poco revolucionaria para los cánones de ortodoxa escritura. Saramago acoge unos temas en principio sencillos, pero que hacen a sus lectores, cuestionarse en temas trascendentales si pasaran de la ficción a la vida real.

Algunos de sus libros leídos motivan la profundización de su obra, haciendo un paralelo entre lo que Saramago lleva a la ficción en uno de sus libros, Las intermitencias de la muerte (2005) y lo que el autor deja claro como su pensamiento real en entrevistas y declaraciones dadas a varios medios de comunicación en diferentes momentos de su vida. Los libros al principio mencionados son: El evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), El cuento de la isla desconocida (1998), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), El viaje del elefante (2008), Caín (2009) y el elegido para el desarrollo del trabajo, ya citado.

El estilo de escritura de Saramago se hace evidente en cada libro. Su voz se hace clara y legible como si fuera un actor más en sus novelas, llega a opinar incluso dentro de ellas. Acude a adjetivos para nombrar a sus personajes para no utilizar nombres propios, acción evidente en su Ensayo sobre la ceguera. No usa la mayúscula inicial para escribir nombres propios, excepto, al inicio de frase o párrafo. Se vale de la mayúscula inicial después de la coma, para hacer cambio de voz. Pero es esa característica de opinar dentro de sus obras y hacer visible su “voz”, lo que ha motivado la realización de este paralelo entre la obra de Saramago en la primera parte de su texto, Las intermitencias de la muerte y lo que su ser político y pensante tiene para decir en cuanto al tema del periodismo y los medios de comunicación, como elemento participante en el mundo de las decisiones, el poder, la política y la vida social.

Una vez hecho este paralelo entre Saramago escritor de ficción y Saramago crítico de la realidad, unos análisis darán forma final al trabajo a manera de conclusión. Todos los textos aquí citados pertenecen a la edición 2005 de Las intermitencias de la muerte, editada bajo la marca Alfaguara, de Santillana  Ediciones Generales y se hace con fines netamente académicos.

Para la mejor comprensión de este trabajo, se ha editado la forma de los textos que fueron tomados del libro de la siguiente manera: las palabras en negrilla resaltan los términos afines al periodismo o a los medios de comunicación. Las palabras en bastardilla o itálica corresponden a la voz del autor que ingresa a la puesta en escena y actúa como uno más de sus personajes. Donde existan diálogos, se harán en paralelo para mejor comprensión de los mismos. Los números, seguidos de la letra P, corresponden a la página de la cual fueron extractados.

El texto objeto de análisis, está comprendido entre las páginas 13 y 114, que encierran una primera parte de la novela. Para la mejor comprensión de esos textos, a continuación se presentarán unas breves sinopsis de la novela que reposan en la contraportada del libro en mención.

“En un país cuyo nombre no será mencionado se produce algo nunca antes visto desde la fundación del mundo: la muerte decide suspender su trabajo letal, la gente deja de morir. La euforia colectiva se desata, pero muy pronto se dará paso a la desesperación y el caos. Sobran los motivos. Si es cierto que las personas no mueren, eso no significa que el tiempo haya parado. El destino de los humanos será una vejez eterna”.

“Se buscarán maneras de forzar a la muerte a matar aunque no lo quiera, se corromperán las conciencias en los “acuerdos de caballeros” explícitos o tácitos entre el poder político, las mafias y las familias, los ancianos serán detestados por haberse convertido en estorbos irremovibles. Hasta el día en que la muerte decide volver…”.

Seguir leyendo Saramago y su crítica al periodismo y a los medios de comunicación

Tú tienes el reloj, yo tengo el tiempo…

Hay textos que nos tocan de manera inmediata. Ha sido indisciplina mía no haberles comentado algunas referencias bibliográficas o reseñas que tengo para compartirles.
Antes que pierda la bella sensación que siento, les invito a que lean un breve texto que encontré en la revista NÚMERO, #62. En la página 7. una entrevista realizada por Víctor M. Amela a Moussa Ag Assarid

Como la encontré en la versión digital, aquí se les dejo un estracto.

«Tú tienes el reloj, yo tengo el tiempo…»
Entrevista realizada por Víctor M. Amela a Moussa Ag Assarid

No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles… Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Mali. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo…
—¡Qué turbante tan hermoso…!
—Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta arena, y a la vez seguir viendo y respirando a su través.
—Es de un azul bellísimo…
—A los tuareg nos llamaban los hombres azules por esto: la tela destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…

Leerla completa en el sitio web de NÚMERO 62.