Archivo de la categoría: Objetos del diseño

Antecesores del IPod y el IPhone

Entonces, el más joven de la casa llama a gritos a la más vieja: “Máaa, que al teléfonooo”. La más vieja, palabra ésta que no es peyorativa sino descriptiva del tiempo, se debe acercar al auricular si desea saber quién es. Una vez, teléfono en mano, la doña habrá de quedarse sentada en la silla que fue diseñada para tal fin, pues el teléfono es lo que llaman verdaderamente “fijo”, ya que está empotrado en la pared y de allí no se moverá a menos que haya trasteo, no de voton, sí de chécheres.

La llamada se desarrolla sin más detalle, que estos no interesan a los lectores del blog. Colgado el auricular, verbo que se quedó para referirse a la terminación de la llamada, ahora el que suena al fondo es el tocadiscos portátil, cuya memoria no es digital ni le caben canciones en el equipo, ya que las canciones están grabadas en los zurcos de acetato del disco de “larga duración”, chiste éste último, ya que los jóvenes de la era digital saben que la larga duración de hoy en día se mide en Gigas y Teras de información, que corresponde a horas y horas de música en sus pequeños ordenadores.

En fin. Para cada uno será problemático acceder a la tecnología del otro: a los de hoy, les dará dificultad entender el placer de la tecnología de ayer. A los de ayer, se les dificultará navegar por la intuitiva sencillez de la tecnología de hoy. Unos y otros, se necesitan. El ímpetud del joven con la consciencia y sabiduría del adulto y del viejo.

Teléfono de Alberto Mejía y tocadiscos en Angelópolis.

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Capacidad y talento en personas comunes y corrientes

Quien no tiene un título universitario no deja de ser profesional en su desempeño. Siempre que observo las creaciones de ciudadanos que, para su manutención, se dedican a diseñar objetos útiles, reflexiono acerca de cuál sería la carrera universitaria, técnica o tecnológica que el individuo hubiera estudiado. Mi abuela, como ejemplo, hubiera sido una gran diseñadora industrial; a cambio de eso, la vida se le presentó como recolectora de café, cocinera, viajera y, por supuesto, madre y abuela sabia. La abuela de mi esposa Diana, sería sin duda una excelente arquitecta constructora ya que, aún a sus 90 años de edad, no puede ver que están abriendo una zanja o pegando un ladrillo porque comienza a pontificar acerca de la mejor manera de hacer el muro, el hueco o la casa.

Es así como la plaza pública y los barrios obreros están llenos de cientos de profesionales y expertos en temas variados. Hay cocineros reconocidos que visitan las plazas de mercado para buscar el mejor sancocho de bagre o algún sudado harto reconocido. Hay diseñadores de carros y motos y customizadores de los mismos. Hay zapateros que hacen mejor trabajo que grandes marcas. En fin.

En Santa Marta me encontré estos dos carros para la venta ambulante de mercancía y alimentos y, como siempre, pensé a dónde llegarían tales fabricantes si hubieran enriquecido su talento con el aprendizaje de técnica y tecnología. Por lo pronto, poco se preocupan por tal menester porque lo de ellos es ser feliz y tener sustento; para el primero no se necesitan títulos ni doctorados. Vanidad de vanidades, como dijo el predicador: todo es vanidad.

Cuéntanos qué hubieran sido tus… si hubieran estudiado.

De escobas, traperos y zocos

Desconozco el nombre científico de aquella planta considerada como maleza, que crece a borde de carretera en las zonas rurales y que, los campesinos, llaman “Escoba”. Recorría uno, entonces, la carretera para arrancar aquella planta que serviría para asirla a un palo, que más parecía un báculo, y hacer con ello la útil y necesaria escoba de barrer.

“Mijo, tráigame el “zoco” pa’ barrer el caño”, indicaba la madre a su hijo que, en las mañanas, le ayudaba en los oficios de la casa. -La escoba buena, la sintética, solo se usa para el interior de la casa, el zoco pa’ darle duro-.

Con tripa de pollo se hace la trapeadora, (TRAPERAS en Televida), alter ego de la escoba de barrer, matrimonio indisoluble que reposa en cada casa: la escoba, para barrer primero; la trapeadora, para pasarla luego. “Y no me pise todavía que me falta una pasada”, grita la doña ofuscada.

Llegado el fin matrimonial de escoba y trapeadora, los infantes de barrios altos se alegran con creativa idea, de hacer con el palo, un carrito de mano: A un carrito se le quitan las llantas con su eje. Se perfora el palo de escoba en la parte inferior. Se inserta el eje en el orificio del palo y se asegura la rueda. Se toma el nuevo juguete por la parte superior y a jugar con la manada del barrio.

Y así… salen historias de una escoba. Las de la imagen, se venden en Támesis.

Artefactos tecnológicos que nos recuerdan un camino

Jóvenes, estimados amigos, lectores, cuidadanos todos; este artefacto que ven en las manos del anciano también es TECNOLOGÍA, una sin ínfulas, sin egos, sin esnobismos, sin lenguajes extraños, sin orgullos pendejos. Esta tecnología que ven, es la adaptación del OBJETO a la necesidad del hombre y, este último, refleja el camino al que algunos llegaremos: la senetud, la vejez, la piel seca, la arruga, el ser y la consciencia. Algunos, llegarán iluminados; otros, repetirán el camino. Que este bastón, pues, nos invite a caminar con prudencia y sin caminados de pavo real.

No se olviden pues que las TECNOLOGÍAS, suntuosas o sencillas -como la de la foto-, están al servicio del ser y no al contrario. Que el fin último de todo bite activo, sea el de enaltecer la vida del hombre y de toda vida.

Recuerden, señores participantes del Campus Party, bañarse todos los días.

Esconda la chupa que llegó visita

La chupa, el destaqueador, objeto útil en casa de algunos, prohibido en casa de otros. -Morelia, por dios, escondé rápido la chupa del baño que llegó visita-. De allí para acá, de aquí para allá; poco se toca, al lavarlo se hace con asco, al guardarlo es preferible seco.

Integrante del conjunto de objetos de la casa, pero menospreciado, excepto cuando surge la necesidad de un colapso penoso. -Morelia, traelo otra vez, bendita querida, questo se va a derramar-, se escucha con nervioso acento de lo que será fatalidad doméstica.

La visita entrará entre el corre corre que exige la emergencia, verá la vida real de primera mano, ayudará, si el don de la misericordia está con ella, pedirá un lavamanos y dejará el pandequesito para otra ocasión. *Morelia, mija, yo vengo mañana más bien, yo la veo a usted muy apurada*, concluirá en tono perentorio.