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¿Deseas conocer un lugar magnético y lleno de paz?

Con una alta frecuencia viajo a La Ceja, en el oriente antioqueño, para descontaminarme de la ciudad y escuchar el silencio, si es que tal cosa se puede hacer. Se trata del Convento Hermanas de Betania del Sagrado Corazón, un lugar encantador y con una arquitectura sencilla donde la luz y el silencio son protagonistas. Lo visito, porque tiene un magnetismo extraño en mí, una atracción fascinante que me obliga a visitarlo cada tanto.

Este bello lugar, sembrado en la vereda San Nicolás, está rodeado de naturaleza, y en ella, sol, frescura, pájaros, ardillas, flores, fragancias y silencio, un silencio casi absoluto, sobre todo dentro de la capilla. Esta última, parece un lugar de encuentro ecuménico, dada la sencillez en su decoración y su misma arquitectura; allí, me siento para no hacer nada, porque este espacio te obliga a quedarte callado y a recibir… tranquilidad, paz, sociego y sabrá cuántas cosas más en el espíritu.

Las encargadas de este lugar brindan atención a todo el que quiera visitar el lugar, brindan alojamiento para retiros, guiados o no, para personas o grupos. Cultivan su propio alimento y, como las fundadoras y directoras son italianas, la comida es sencilla y deliciosa. Tienen, también, la venta de reproducciones de íconos, que ellas enmarcan o pegan en retablo con recubrimiento de gemelos, tarea que hacen con paciencia. La habitación donde tienen la “tienda” de reproducciones, está colmada de olor a madera, bosque y a los gemelos; nuevamente, un lugar magnético.

No se necesita ser católico para visitar este convento, las monjas son sabias y jamás discriminan, aunque jamás se enfrascarían en discusiones. Oran por las parejas que buscan tener hijos y no han podido y por otras necesidades. Una de sus entradas económicas, aparte del alojamiento, son los íconos que tienen a la venta, de los cuales dejo algunas imágenes. Con precios desde 5.000 pesos colombianos, hay representaciones de íconos rusos, bizantinos, griegos, palestinos, italianos, etc. Un lugar para conocer con mucha paz, dejando la religión que cada uno tenga a un lado.

Carrera 16, nº 26-19 Vereda San Nicolás
La Ceja- Antioquía
Colombia

Ya había escrito acerca de este lugar, ver No hay que ir hasta el Oriente por sabiduría.

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Líneas, vectores y color en Salento, Quindío

Salento, en Quindío, es sinónimo de color, manufactura, manualidad y artesanía, un lugar de sueño. Lastimosamente, el temor de los artesanos porque les copien sus creaciones, hace difícil, a veces, la toma de fotografías, pues muchos dicen que no.

Zócalos temáticos en Guatapé

Estas pinturas hechas sobre relieves en cemento, hacen parte del arte primitivista con que son hechos los zócalos en Guatape. Estos, en particular, están a la entrada del malecón en el casco urbano. El arte primitivista me encanta y lo he dicho en este espacio, por las formas “inocentes” con que son resueltos algunos planteamientos de la estética visual como la perspectiva, el color, la línea, el ángulo y el encuadre.

El camión azul, abajo, es ejemplo visible, con su perspectiva, del arte primitivista. Un completo juego de líneas y ilusión visual que puede ser tomado como error por algunos, pero yo lo tomo como información útil, valiosa y sí, hasta graciosa de expresión visual.

Pero, qué va, no le demos tanta academia a la vista, ya que para ver no se necesita educación, pues la estética misma existe por la sola presencia del hombre que percibe la realidad y la aprehende.

Bienvenido el color en Guatapé

Cuando las políticas de un minicipio se aplican para el embellecimiento de su urbanismo y arquitectura, cuando los decretos o Acuerdos se imponen para el bien común, cuando se tiene en cuenta al, a veces, tan olvidado color, saltan felices los ciudadanos porque dichos pronunciamiento hechos ley se revierten en turismo, piropos y empleo.

Cada vez Guatape, se va llenando de color y los zócales de sus casas saludan al propio y al viajero con sus colores y sus relieves. Cada vez el casco urbano se va configurando como un territorio donde la luz del sol desciende para bailar en sus paredes.

Disculpen la calidad de las fotos, los chips de la camarita con que ando actualmente hace lo que puede. El ojo es el que vale.

Zócalos, calor y "mar" en Guatapé

Tener planes para ir a Guatapé significa hacer una lista de chequeo de objetos y vestuarios propios para ir a la playa: vestuario de baño o de bronceo, bronceadores y bloqueadores, comida, gafas de sol, sandalias apropiadas para el agua, etc. Eso, para el turista que se acerque a este municipio de Antioquia sabiendo que goza de las aguas de una gran represa o embalse y un malecón turístico. Otras personas que transaccionan con sus productos tendrán otra lista de chequeo: fertilizantes, costales, dinero en efectivo para la plaza, etc. Para otros, la lista se recortará a bebidas alcohólicas. En fin, Guatapé, su malecón y su zona rural tiene público para todo.

Como turista visual que soy de cada municipio o rincón que visito, siempre estarán presentes en mi ojo cazador, el color, la geometría, su gente, sus ventas, sus artesanías, etc. Y como sé de tantos lectores por fuera de Colombia, una que otra vez me gusta dejarlos con los antojos de nuestra tierra; para el caso, este coco bautizado en panela que llamamos coquitos o panelita de coco. Como para que sigan extrañando a Colombia y sigan anclados, de una u otra forma, al territorio. Los dejo con ese antojito y con un adelanto de zócalos, elemento visual por el que también se reconoce a este municipio.

Esta semana estará dedicada a Guatapé.

Jacobo Zímerman ¿Qué tal estas panelitas, tío? ¿Hay en Israel?

Un día cualquiera en Filandia, Quindío

La mañana conoce al que temprano se levanta y sabe que es de modales recios, como el agua fría en la ducha y el horario en el comer, esto incluye los tragos previos al des-ayuno que no son de licor sino de café y más, en tierras del Quindío.

La media-mañana se hace testigo de cómo es la disciplina de quien labora con responsabilidad. El sol es benevolente y la lluvia se hace tardía para que los clientes no se le vayan a esparcir. La calle se le hace amplia y la jornada, de una calidez amena.

El mediodía se presenta para avisar la hora de comer, comer en término general y no como de verbo cenar. Luego del alimento se hace obligatoria la siesta o el motoso como nos lo dice Pachopardo, que así se dice en tierras bogotanas. La siesta, pues, se desarrolla sin más novedad que la de un mosco molesto que zumba cerca al rostro, no por ello tiene menos derechos de existencia, hablando del molesto volador. ¿Qué diría el mosco si supiéramos los pensamientos para con el humano? No nos atañe tal pregunta aquí pues no es de él de quien hablamos.

De la tarde o la noche serán ustedes responsables en inventar carajada alguna, que no se les dé todo a los lectores, que mala costumbre es.

Coche impecable como lo es su camisa. Su mirar es recto y distinguido, atalajado y pulcro es su andar como su ropaje. El delantal revela un cuidado especial por el aseo y el respeto por el cliente. Así es este señor, vendedor móvil en Filandia, Quindío.