Archivo de la categoría: La Columna de Jacobo

¿Preñaron y se fueron?

Prefiero la representación de la Sagrada Familia a la de María en solitario. Siempre que observo a la representación de María, la veo sola, encerrada en una caverna de ladrillo, presa entre rejas para evitar el robo; sola en un altar, ausente de compañero; vigilante. Nunca casada, como si su matrimonio fuera invalidado por la tradición.

Jacobo, quien tomó estas fotos, enfoca su ojo en esta representación de María en embarazo, y ni en embarazo aparece José para acompañarla. ¿Acaso por putativo o por su muerte en la niñez del Cristo? A lo que voy, es que siempre que veo una representación como esta, veo la representación de la mujer sola, de la mujer que levanta a sus hijos sin la ayuda de algún padre.

En muchas vasijas de piel, hombres preñaron y se volaron, no quisieron saber si hembra o varoncito fueron. Y los nacidos, crecieron y se inventaron papás en cada hombre que vieron en el camino de la vida.

En los barrios obreros hay niñas que se dejan preñar por líderes de bandas y combos, sabiendo que los días de sus vidas se agotan; lo hacen como si quisieran ser vasijas para los “héroes” del barrio; mártires de la comuna…

Fotos por Jacobo Múnera López (3 años)

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De Jacobo, completando crucigramas

Estimados visitantes,

Mi padre ha sido injusto con mi columna, ya que el amanuense digital es él, mientras yo le dicto estas epístolas poco frecuentes. Como Pablo y Pedro, apóstoles del Cristo, quienes tenían, cada uno, su escribano. tendré que motivar a mi madre para que inicie el suyo y sean más frecuentes mis saludos.

Permítanme actualizaros en cuanto a desarrollo y crecimiento. Confieso que manejo carro: volante y cambios opero, mientras mi padre articula freno, clutch y acelerador. Cosa no muy bien vista por ustedes, me adelanto en el llamado de atención que impondrán.

En el día, entre otras actividades, me he propuesto adelantar, o mejor dicho, ayudar a mi abuelo en su tarea diaria con los crucigramas. Hace poco, mi paciente abuelo Alfredo, musitaba entre labios la palabra “San Francisco” y la repetía, como queriendo comprimirla para meterla en las celdas disponibles para un nombre más corto; yo, que le escuchaba, lance una mía: San Antonio. Él sonrió y lanzó una breve carcajada, la cual no entendí. ¿Acaso cree él que no soy capaz de encontrar términos solicitados por el proponente del crucugrama? ¡Carajo!

¡En fin! Les presento excusas por tan distanciado intercambio de pensamientos y hechos. Espero estar con ustedes en ésta, La Columna de Jacobo.

Mi sentir, mi mirar, mi propio álbum: Jacobo

A Jacobo ya le picó la inquietud por “jugar” con la cámara, así que hemos dispuesto una compacta para él, para que tome, sin límites, las fotos que quiera sin guía alguna y sin direccionar su mirar, para sorprendernos en qué mira un niño de tres años.

Les dejo estas tres fotos que tomó en el municipio de Filandia, Quindío; fotos para mí hermosas. La primera y la segunda me impactan por el encuadre y la fuerza del muro inferior que tiene la primera, y la hormiga capturada en la segunda, al acercarse a una placa de mármol. La tercera me causa gracia por capturar el ejercicio de tomar fotos. Hermosas las tres.

Mi tercer año de existencia: Jacobo

Estimados clientes de mis letras, espero que algún día este apoyo que hago hacia el blog de mi padre sea estimulado con estipendio alguno, que necesito mis propios billetes para así, tomar decisiones personales de inversión y gasto.

Como leen en la imagen, hoy celebro el día de mi nacimiento y como tal, espero de ustedes sus saludos, a ver con quién cuento desde ya. Sé que suena pedante estas recientes palabras, pero quienes son fieles en mi columna ya conocen mi tono y saben que no me pongo con ambages.

Más humilde, deseo dar los agradecimientos a mi madre, que me prestó su ser y su vientre para aterrizar en esta relatividad de tiempo y espacio; ella sabe que la amo, pero que soy sobrio en demostraciones. Madre: Gracias por darme tus células y portarme orgullosa dentro de ti.

A ustedes, lectores, salud y vida.

Nuevos periféricos computacionales en la era 2.0 – Jacobo Múnera

Estimados clientes de mis letras, he estado un poco ausente de este universo digital dado el desconocimiento de la clave de este blog, bitácora de mi padre. Tengo mucho por contaros acerca de mi aprendizaje y de mi paso por este relativo espacio-tiempo.

Requería tener comunicación con mi tocallo, residente en Israel y familiar de mi padre, Jacobo Zimerman, pero mi progenitor aún toma en cuenta mi edad y no permite que sea yo quien inicie software alguno, para el caso, el Skype.

Por ello, y estando ocupado el periférico necesario para la telecomunicación, encontré lo que creí, era un aditamento útil en las telecomunicaciones y la electrónica: un convertidor a plug monofónico. Papá y Mamá, quienes apenas conocieron la foto hoy, se alertaron y dizque no habían caído en la cuenta de lo que en mi oído reposaba, que dizque “peligroso”. ¡Es la vida de hoy, la vida digital que nos acosa temprano el tiempo!

Voy a ser sincero en mi apreciación y quizás sea una conjetura, pero, no me sirvió lo que creí, me serviría para entrar en comunicación con mi tío abuelo. No escuché voz alguna, pitido ni aún feedback. ¡Aprendizajes! Es el estado del arte de mi generación.

Ofrezco créditos a la autora de las fotos y al establecimiento donde fueron tomadas tales: Fabiola Tangarife, abuela del suscrito, mayor de edad y residente en la ciudad de Envigado.

Colofón: Mi padre me ha traído razones y saludes de la Profesional Especializada de la Secretaría de Educación de Antioquia, Luz Piedad Hurtado, quien sigue mis soliloquios o apreciaciones y el lenguaje tan escaso de sentimentalismos infantiles que deberían ser propios de mi edad; a ella ¡Gracias! Tomo nota de sus descargos. A las demás, ósculo respetuoso.

Vallenato todavía no: Jacobo

Apreciados tele-videntes, parece definitiva la censura que mi padre ha acometido a mi columna hoy por hoy. Él, en su limitada sabiduría, ha llamado a varios personajes a ser invitados permanentes del blog, acción plausible de mi parte; pero ni yo, que desciendo de su sangre y la de mi madre, tengo tan frecuente espacio para contar mi ocurrencias y aprendizajes.

Deseo, desde ya, aclarar la imagen que él, mi padre, ha elegido para ilustrar mi columna de hoy -si es que puedo llamarla mía-, ya que la percepción que tendrán de ella puede prestarse para equívocos, pues, la música de mi preferencia no es, aún, la vallenata; lo mío, por el momento, es la Salsa de Rubén Blades, Héctor Lavoe y, últimamente, Joe Arroyo. Sin dejar por fuera el repertorio que ya vengo disfrutando de Chucu-Chucu. Acerca de ésta última modalidad no espero recibir críticas o apoyos, es, simplemente, lo que me gusta al momento.

Aclarado el asunto del daguerrotipo ese que ilustra esta cadena de ideas, paso a enviarle mis saludos a los lectores que me siguen y me han extrañado. Sobra decir lectores y lectoras, vicio lingüístico tan feo que se inventaron hoy día para hacer sentir bien a los de minusvalía síquica, es decir, seres de baja autoestima.

Mis saludos a todos, bendiciones de mi corazón. “Padre-Hi-Santoamén”.

El Faro, de Po Chou Chi

Cuando quedamos en embarazo Diana y yo, llegaron las preguntas obvias: “¿Y qué quieren tener? ¿Niño o niña? Siempre respondimos: Un hijo -en el sentido genérico de la palabra-, es decir, lo que venga, niño o niña, simplemente queremos una criatura.

Cuando nació, le gente aún me preguntaba ¿Y vos qué querías? Siempre respondí: Simplemente tener un hijo (niño o niña). Los contertulios replicaban: “¡Pero uno siempre quiere o un niño o una niña. Siempre se tiene preferencia por algo!”.

Así es, lo único que quería era tener un hijo (hombre o mujer). Y continuaba complementando diciendo que ya es bastante ASOMBROSO, MILAGROSO, que salga una criatura, como para exigirle a la vida que tiene que ser así o asá. Bienvenido quien venga y como venga.

Una vez nacido Jacobo, se despertó en mí una compasión que jamás había experimentado, y al no criarme con mi padre y no poder nunca llamarle “papá”, lo único que he querido es darle de mí, de mi tiempo y de mi niño interior a Jacobo. Por eso preferimos menos dinero y llegar a jugar con él, menos poder en algún cargo y llegar a casa temprano; una morada humilde y un cuarto austero en juguetes, pero muchos abrazos, besos y juego.

Un amigo, José Fernando Montoya Ortega, me envió un video que sé que les va a encantar y por eso hice la introducción que han leído hasta ahora. Y aunque sé que mi vida les debe importar poco, ya saben que escribo mucho de mi vida, para poder levantarles la memoria en cada uno de ustedes. Es decir, yo escribo mis memorias y ustedes recuerdan las suyas, y así hacemos memoria colectiva.

Ahora me preguntan que si Jacobo gusta de mis pasiones, que si dibuja, que si ilustra, que si es bueno con los colores. No sé y no me interesa, él es un ser distinto y único, aunque últimamente me está pidiendo la cámara para tomar sus fotos. En Usaquén, Bogotá, me la pidió y le pregunté que a qué le quería tomar; me dijo que al pasto y eso me pareció excelente. También le tomó una “vista” a su mamá, mi esposa: Diana. Aquí va el video y las fotos de Jacobo (2.5 años)

El Faro: “Extraordinario corto en dibujos animados, del
chino Po Chou Chi. De una belleza y sensibilidad genuinamente
orientales.”. José Fernando Montoya Ortega.