Archivo de la categoría: Animales

Otro ratico más de sueño…

* Mija, nos cogió la aurora, levantémonos.
– Hoy no hay que ir, nos dieron libre.
* ¡Ah, qué me dijiste! Entonces voy a dormir un ratico más.

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La hormiga a la que no le gustó Freud

De niño, muy niño, asistía, llevado por mi abuela, a la Primera Iglesia Bautista de Medellín en la carrera Juan del Corral. Tales reuniones cúlticas eran demasiado pesadas para un niño que solo espera juego y fantasía. Es así como desde la banca conservadora y de madera del salón central del templo, me entretenía viendo las hormigas que pasaban por las baldosas del piso y creaba la historia de que iban por el camino del bien o por el de la condenación, según cambiara de baldosa: “Si se pasa para esta baldosa, se condenará…”.

Hace tiempos que no veía una hormiga de las pequeñas, negras; aquellas que llamábamos en el barrio “Buenas”, pues, las que picaban eran del diablo, y eran rojas. No conozco en teología o demonología, que el diablo sea creador o Señor de las Hormigas; sí sé de Baal Zebú o Belcebú, Señor de las Moscas. El caso es que ayer, en la Librería de la UPB, revisaba y leía algunas hojas de lo que será mi próxima compra: Sueños, recuerdos y pensamientos de C. G. Jung.

Entretenido en un capítulo especial de las percepciones de Jung de la vida después de la muerte; una hormiga interrumpió mi lectura para que, egocéntrica ella, depositara mi atención en su desplazamiento -o, quizás fui yo el desconcentrado-. Mi primera reacción, muy animal por cierto, fue intentar quitarla con la mano, ejercicio este que siempre termina con la muerte de este tipo de seres. Pero detuve mi mano y mi pensamiento, para abrir mi consciencia y reconocer que hace rato no veía este tipo de hormigas, lo que me indicaba que me ha faltado observar más, que no ha sido suficiente el mirar.

En fin, esta hormiga, interesada en el mismo tema mío, examinó el texto de manera objetual, distinto a mí. Caminó por el refilado vertical, se paseó entre la tipografía del título, rodeó la representación fotográfica de Jung a cierta edad, subió y recorrió el refilado superior, se metió entre la solapa y tuve que tener cuidado para que no se volviera parte de mi libro. Mi dedo fue acicate para que saliera de allí y se dejara fotografiar junto al título; no olvidó pasar por el lomo y pisar la editorial. Creo que era “Junguiana”; que a ésta, no le gustó Freud. Examinó, quizás, tres o cuatro arquetipos o se dejó envolver por el concepto de inconsciente colectivo, estuvo temerosa en el tema de la sinconicidad y puede, solamente puede, que no haya entendido muy bien aquello de la Individuación.

Interactuamos algunos minutos, aunque no sé si ella fue consciente o no. Yo salí a mis quéhaceres y ella se quedó revisando una revista con oferta literaria universitaria y, demás, se quedó para explorar más del tema. Fue una buena hora aquella.

Historias de tetero

Cuando era un pequeño, recuerdo que me levantaba somnoliento a llevar el tetero al baño y luego iba a la cocina a orinar; lógicamente cuando llegaba al baño me percataba de que ese no era el lugar y deshacía los pasos rumbo a la cocina.

Épocas en que el contenido del tetero era la bien posicionada aguapanela con leche; alimento bendecido en los barrios obreros, que entretenía y alimentaba a los destetados. Bien fuera sola o con leche, la aguapanela nos alimentó hasta que nos parábamos derechitos y aún nos alimenta cuando, en algún restaurante, nos ofrecen el guandolo (aguapanela con limón).

Hace algunos meses, le dijimos a Jacobo que ya estaba muy grande para tomar tetero, que eso era para bebés. Diana, esposa del suscrito y madre del muchachito, reforzó la propuesta diciéndole: “¿Lo botamos?”. Jacobo, enajenado por nuestra palabras, lanzó el tetero a la calle y arremetió: “Sí, yo graaandee”. Jacobo siguió caminando pero Diana, sin que él se diera cuenta, levantó el tetero del suelo por si depronto le daba por pedirlo en la noche. Desde aquel día toma en termo.

Son solo dos historias para levantarles el recuerdo e invitarlos a compartir sus historias de tetero, reírnos un rato y evocar imágenes quizás olvidadas. ¿Tienes historias de tetero?

Foto: Parque de Girardota.

La profunda soledad de 'Reina'

El paro fulminante se llevó las pocas carnes que le quedaban a doña Araminta. La anciana era un arrume de huesos. Lo que nunca menguó, fue la especial ternura con que trataba a  ‘Reina’, su perra por ocho años. ‘Reina’ no pudo con la pena y se petrificó, se convirtió en masa de yeso con cristales de cuarzo, roca ignea y nada de agua. Dicen, no me consta, que de vez en cuando la ven parpadeando y salir lágrimas de cuarzo de sus ojos.

Foto: Ráquira.

Nace, crece y, algunos, matan a su hermano

Rara especie es el hombre que, siendo racional, mata a su congénere y sigue caminando en dos patas como si nada, creyendo que ha evolucionado por haber levantado las delanteras y nombrarlas como brazos. Brazos asidos de unas manos que cercenan órganos, como despresando un pollo antes de ser asado.

Hay humanos que se persignan antes de matar, se santiguan como para expiar el pecado por adelantado, le da beso al crucifijo, bendice a la madre y a la María ascendida; luego, con sigilo y motor cuatro tiempos, se acerca a la víctima, lo calcula, la aguarda, la asecha, se le acerca, mira al cielo y se santigua de nuevo y PUMMMMMMMMMMMM. ¡Figuró*! ¡Un muñeco* nuevo adorna el cielo!

Rara familia esta la de los homínidos, que mata a sus hermanos solo porque visten diferente, porque piensan diferente, porque transitan diferente. Nacen, son tomados como tiernos, balbucean, caminan, comen compota, crecen y, algunos, aprender a disparar trabucos, fierros, pistolas y revólveres, otros más primitivos aún elijen el cuchillo y el machete para perforar a sus víctimas.

Con otro tono… la imagen fue tomada en Támesis, en mercado de domingo, donde se hacen las carnicerías itinerantes. Aún me pregunto de qué será la quijada junto al perro, pues, de res no es. ¡Es muy pequeña! Tiene el mismo tamaño de quijada de perro… no estoy diciendo nada. Quien sea experto en quijadas o tanatopraxia animal me avisa.

Pájaros de zonas cafeteras – Amagá rural

Quien los ve ahí, tan tiernos trinando en los amaneceres lluviosos de las tierras cafeteras; quien los ve ahí, escondidos bajo la bruma mañanera; quien los ve con sus fantásticos colores del trópico, alegres, despiertos y sin timidez… quien los ve ahí y en el día se la pasan peleando por bocado de plátanos maduros, por chorritos de agua dulce, cascándose en cebaderos para el ojo, amenazándose, pegando ala, abriendo pico, haciendo cara de loco, de histeria avícola.

Pocas veces comparto esas otras fotos que se me escapan al tema del blog y las dejo para la intimidad de mi hogar, pero con la publicación de esta serie, deseo dar un agradecimiento al dueño del sueño que me permitió tomar estas fotos: José Fernando Montoya Ortega, ex secretario de Educación de Antioquia; cultivador de café, aficionado a los pájaros, amante de la geografía antioqueña, de tierras y de mulas.

Hagamos, pues, excepción, que viene fin de semana, puente o vacaciones. Relajemos el ojo y untémonos de verde, miremos flor, pájaro y atardecer; lo de siempre pero jamás igual. Tomadas en la vereda Pueblito de San José, Amagá. Objetivo 55 – 200 mm, velocidad 500, diafragma 5.6 en promedio, algunas con temperatura de color 8.500.