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Mirando al ser, detrás de los objetos – Caldas, Antioquia

Mirar, esculcar, preguntar; sorprenderme. Voltear, girar; asomarme. Observar, tocar, oler, sentir; aprehender. Es así de sencilla la metodología de investigación. Aprehender al objeto como si fuera éste, un nuevo planeta en el que me instalé. Es decir, jamás dejar de soprenderme por cada minucia de este universo visible o sensible al cerebro.

Saludos al Semillero de Investigación Formativa sobre los Artefactos Culturales, su descripción e interpretación, del Instituto Tecnológico Metropolitano, ITM, por la invitación. Que la sorpresa quede instalada en el ser, para que al abordar los objetos veamos al hombre como centro.

Fotos de la TomaTodo a Caldas, Antioquia.

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Una mirada a Caldas – Alex Cuervo

Esta es una pequeña muestra de mis imágenes tomadas en el recorrido por el municipio de Caldas con el colectivo Toma Todo “Tomas multimediales de región”. Un poco de: arte urbano, arte popular y algo de poética. Alex Cuervo.

Una mirada a Caldas – José María Ruiz

José María Ruiz, participante de la salida a Caldas nos comparte algunas de sus imágenes y su dirección en Picassa, para que conozcan más de su mirada…

Por José María Ruiz

¡Nunca me fui del todo!  En los años ochentas salí de mi pueblo por circunstancias no ajenas a la voluntad del común y corriente. A cualquiera le ocurre tener que cambiar de nido. Ese fue mi sino. Desde entonces cada tanto tiempo de nostalgia vuelvo a recorrer mis caminos, con mapas tatuados para siempre en mi esencia.

Cada rincón, cada callejón, bares, parques. Los fantasmas de los que ya partieron sin retorno me acompañan en los recorridos, porque tampoco se han ido. Soy un fantasma con ellos.

Julián, desde la escuela. Julio, desde las cometas y los trompos; luego, desde la mirada diferente de la poesía. Diego y su guitarra que tocaba los tangos, cuando él ya estaba danzando con Malena en medio de una nube de opios tropicales. Mi padre, con su cara adusta; mi madre, con su falda dispuesta a cobijarme. Y muchos otros.

Luego, los habituales: la vecina que me odiaba porque le rompí una ventana con la pelota de letras; la novia a la que todavía se le salen mariposas que le brotan de ese lugar que todas dicen; el otro Diego que va tras un sombrero que se le fue volando hace mucho -No lo va a alcanzar, porque no quiere volver a estarse quieto-. Gustavo por dos, cada uno más lejos de la realidad del trajín cotidiano que cualquier bípedo mortal. El uno, pontifica sobre cómo debía hacerse lo que ya está listo y el otro lo contradice con su perorata alucinada sobre la existencia comprobada por él, de vida bajo las piedras del camino mientras repara un radiador de un auto sin fecha de vencimiento.

Mazo y su hijo orate. Él también. Él vive en el novechento. Su hijo en cada instante de este hoy tan loco, arrastrando un tarro y cubierta su cabeza con un empaque de “café la bastilla”, a guisa de sombrero… Mi hermano Óscar ‘Pocalucha’, que descubrió antes que yo la delicia del eterno no hacer nada y ganarse el pan de pura labia. Mis otros hermanos, tan parecidos todos. Tan ciudadanos del común: Nada más trabajan.

¡Y sigo ahí! fantasma en mi pueblo, trashumante por sus calles; cámara o copa en mano, danzando en los recuerdos.